… Porque todos lo necesitamos
2. LA EUTANASIA ES UN GRAVE MAL MORAL
a) ¿De qué eutanasia hablamos?
5. “Llamaremos eutanasia a la actuación cuyo objeto es causar la muerte a un ser humano para evitarle sufrimientos, bien a petición de éste, bien por considerar que su vida carece de la calidad mínima para que merezca el calificativo de digna. Así considerada, la eutanasia es siempre una forma de homicidio, pues implica que un hombre da muerte a otro, ya mediante un acto positivo, ya mediante la omisión de la atención y cuidados debidos.”3 Esta es la “eutanasia en sentido verdadero y propio”, es decir, “una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor”.4 De la eutanasia, así entendida, el Papa Juan Pablo II enseña solemnemente: “De acuerdo con el Magisterio de mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana.”5
6. En cambio, no son eutanasia en sentido verdadero y propio y, por tanto, no son moralmente rechazables acciones u omisiones que no causan la muerte por su propia naturaleza e intención. Por ejemplo, la administración adecuada de calmantes (aunque ello tenga como consecuencia el acortamiento de la vida) o la renuncia a terapias desproporcionadas (al llamado “ensañamiento terapéutico”), que retrasan forzadamente la muerte a costa del sufrimiento del moribundo y de sus familiares. La muerte no ha de ser causada, pero tampoco absurdamente retrasada.
b) El individualismo ateo y hedonista, causa del regreso a la eutanasia
7. Hoy la eutanasia resulta de nuevo aceptable para algunos a causa del extendido individualismo y de la consiguiente mala comprensión de la libertad como una mera capacidad de decidir cualquier cosa con tal de que el individuo la juzgue necesaria o conveniente. “Mi vida es mía: nadie puede decirme lo que tengo que hacer con ella.” “Tengo derecho a vivir, pero no se me puede obligar a vivir.” Afirmaciones como éstas son las que se repiten para justificar lo que se llama “el derecho a la muerte digna”, eufemismo para decir, en realidad, el “derecho a matarse”. Pero este modo de hablar denota un egocentrismo que resulta literalmente mortal y que pone en peligro la convivencia justa entre los hombres. Los individuos se erigen, de este modo, en falsos “dioses” dispuestos a decidir sobre su vida y sobre la de los demás.
8. Al mismo tiempo, la existencia humana tiende a ser concebida como una mera ocasión para “disfrutar”. No son pocos los falsos profetas de la vida “indolora” que nos exhortan a no aguantar nada en absoluto y a que nos rebelemos contra el menor contratiempo. Según ellos, el sufrimiento, el aguante y el sacrificio, son cosas del pasado, antiguallas que la vida moderna habría superado ya totalmente. Una vida “de calidad” sería hoy una vida sin sufrimiento alguno. Quien piense que queda todavía algún lugar para el dolor y el sacrificio, es tachado de “antiguo” y de cultivador de una moral para esclavos. No es extraño que desde actitudes hedonistas de este tipo, unidas al individualismo, se oigan supuestas justificaciones de la eutanasia como éstas: “yo decido cuándo mi vida no merece ya la pena” o “a nadie se le puede obligar a vivir una vida sin calidad”.
c) La vida, don maravilloso del Creador
9. Es verdad que la vida es, en cierto sentido, mía. Yo soy responsable de lo que hago de ella. Pero si ninguna propiedad (de bienes o cosas) deja de tener una referencia social y transpersonal, menos aún la vida, que no es una propiedad cualquiera. Concebir la vida como un objeto de “uso y abuso” por parte de su “propietario” es llevar a un extremo casi ridículo el mezquino sentido burgués de la propiedad privada. La vida no está a nuestra disposición como si fuera una finca o una cuenta bancaria. Si asimilamos el vivir a los objetos de propiedad, privamos a la vida humana de ese sentido suyo de incondicionalidad y de misterio que le confiere su dignidad incomparable.
10. Los cristianos tenemos un nombre para la dignidad y para el misterio de la vida: la vida humana es la gloria de Dios. Su dignidad le viene de su origen y destino divinos. Es una convicción que compartimos con muchos otros creyentes, con la inmensa mayoría de la Humanidad, que ha considerado siempre, con toda razón, que la vida de los seres humanos es sagrada e inviolable, porque pertenece ante todo a Dios. Nosotros sabemos, además, que el Dios vivo y verdadero no es un dueño caprichoso de sus criaturas. Él es el Amor mismo. Todo cuanto existe procede del Amor, que es Dios en la comunión eterna del Padre, el Hijo y el Santo Espíritu. El ser humano, creado a imagen de Dios, es la criatura capaz de repetir, a su modo, la relación de intimidad en la que el Hijo de Dios está desde siempre con el Padre en el Espíritu. Todo ser humano tiene, por eso, una sublime y misteriosa dignidad divina. Su vida es mucho más de lo que pueda hacer o poseer: es una vida querida por Dios mismo.
11. El “no matarás” (Ex 20, 13) se refiere también a la propia vida. El quinto mandamiento del Decálogo expresa en forma normativa que la vida del ser humano no está a disposición de nadie, pues no es propiedad exclusiva de nadie, sino don de Dios. Para nosotros esta Ley no es sólo un imperativo de la razón; es, ante todo, expresión de una esperanza basada en la confianza en el Amor creador. Esperamos que nuestra vida sea un día acogida definitivamente en la Vida eterna de Dios porque creemos que venimos de Él y que vamos hacia Él, movidos ya por la fuerza de su Espíritu vivificador. Los cristianos nos sentimos especialmente llamados a reconocer y vivir la vida como bien propio y bien del prójimo porque hemos experimentado de un modo nuevo que nuestra vida y la de los demás es, antes que nada, un don maravilloso de Dios. Esto nos previene más eficazmente frente a los engaños del individualismo: sabemos bien que es falso eso de que “mi vida sea sólo mía”. Es ante todo de Dios y también de los hermanos. Si me quitara la vida, perjudicaría también a mis seres queridos y a la Humanidad, que vería radicalmente lesionado ese bien primordial de su patrimonio más sagrado: la vida de un ser humano.
d) El misterio de un bien primordial irrenunciable
12. Pero también la experiencia y la sabiduría humanas, entienden, por lo general, que la vida pertenece a esa clase de bienes intocables que no podemos negociar con nadie, ni siquiera con nosotros mismos: esos bienes que tienden a identificarse con el misterio mismo de la existencia y de la dignidad humana. La vida no es negociable para mí. Si la libertad, el honor, la educación, etc. son bienes irrenunciables, con más razón todavía lo es la vida, raíz primordial de todos esos bienes. En efecto, si nadie puede privarse de su libertad, enajenándola por medio de un contrato de esclavitud, nadie puede tampoco privarse de la vida, que está menos aún a nuestra disposición que la libertad misma: la vida se nos presenta como algo previo y envolvente, que es más que nosotros mismos. Por eso, en el interior del ser humano resuena una voz que nos dice: “no mates, no te quites la vida; escoge siempre vivir, que te sorprenderás de nuevo de sus insospechadas posibilidades”. Es muy preocupante que esta voz interior en favor de la vida no sea hoy percibida por algunos.
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neovelis
Mar 11th, 2008 @ 10:14 am
dios se llevo en la cruz todo sufrimiento para que nosotros fueramos libres de ellos entoncers eutanasia. MALO?????
jovanny
Mar 14th, 2008 @ 7:10 pm
Soy jovanny Dios es amor pero aveces uno no entiende o no quiere entender pero hacer cosas buenas todos los dias , el contribuir y ayudar es bueno y yo lo hago quiero ser feliz quiero que me amen y quiero ser yo y tengo miedo
Isabel
Abr 9th, 2008 @ 11:00 am
Hola Jovanny,
He leido tu escrito y quiero decirte que que me gusta que digas que Dios es Amor. Es una buena señal que digas eso porque eso es una verdad que Dios nos dice a través de su
Palabra, la Biblia. Pero te diré una cosa y quizá no sea lo que
desees oir.
Me explicaré de la mejor manera que pueda y sepa. A veces
sólo queremos oir lo que deseamos. Sin embargo no siempre
eso es lo más conveniente para nosotros. También debemos
escuchar aquello que no nos gusta, y esto es lo más difícil.
Lo que deseo decirte de todo corazón es que empieces a leer
e investigar la Biblia, partiendo de cero y con personas que ya hayan pasado por la experiencia de haberlo hecho con otras personas. Hoy y siempre ha habido personas que creen
comprender todo lo que la Biblia dice y se ha comprobado de que, apesar de leer y estudiarla, nada sabian.
Dios me ha puesto en tu vida para enseñarte lo que tu aun no sabes sobre lo que Dios puede hacer por ti. Para eso te
doy esta direción, si no quieres comunicarte conmigo.
Reus.uniónadventista.es En esta página Web encontrarás todo lo que tu necesitas. Prueba y lo verás. Pero ten paciencia. No se consigue todo en un día.
Yo tengo 65 años y hace un año. no sabía ni encender el ordenador. Y hace 20 años que he conocido de verdad a Dios,
por medio de su palabra, la Biblia, y mi vida cambió como de la noche al día. Si me contestas, te contaré mi experiencia personal.
Isabel Reinaldo
isabel61380@gmail.com
MAFER
Ago 27th, 2008 @ 4:41 pm
YO KREO Q SI LA PERSONA KIERE MORIR AI Q RESPETAR SU DESICIÓN!PORQ ELLOS ESTAN MUERTOS EN VIDA Y SUFREN!! ES INHUMANO DEJARLOS SUFRIR!
Atreide
Oct 18th, 2008 @ 4:33 am
El problema no esta en si esta bien o mal que lo hagan. Puedes creer que la vida es sagrada y que hay que protegerla. Puedes creer que todo es cuestión de enfocarlo correctamente.
Pero al final no has pasado por eso. Aunque hayas pasado por eso los sentimientos son relativos a ti mismo. La gente no reacciona igual al dolor o a las penurias. No puedes estar seguro de lo que esta sufriendo o si podría sufrir menos.
Y por último, aunque decidas ayudarle a vivir felizmente, ¿que derecho tienes a obligarle a vivir? No es que te niegues a dejarle morir, le estas obligando contra su voluntad a vivir. Puedes estar de acuerdo con él o no pero al final es su voluntad. Si es consciente, racional. Si esta tomando la decisión sabiendo todo lo que implica yo no me atrevería a negarselo. Es coartar su libertad. Igual que no podemos obligar a la gente a creer, debemos intentar invitar e incentivar a hacerlo, no podemos obligar a vivir. Aunque debemos animerles a hacerlo con todo su corazón.
PD: Aunque el tema sea delicado, se hubieran agradecido vuestras palabras directamente. Hablais tranquilamente de problemas más agradables. ¿Porque os escudáis en un documento de la iglesia sin añadir ni una frase de opinión propia? ¿Aunque sea que estáis plenamente de acuerdo?
Sergio
Nov 22nd, 2008 @ 6:26 am
La Conferencia Episcopal Española, en mi opinión se equivoca al enjuiciar la eutanasia, pues queriendo predicar el amor, demuestra una terrible hipocresía. Señores: en primer lugar, hay que dejar muy claro que la eutanasia sólo se debe practicar en el caso extremo de que la persona la solicite por escrito. Es una especie de ayuda activa, consciente, a poner fin a los horribles sufrimientos de las personas terminales. La ayuda “pasiva”, o eutanasia pasiva, como se suele llamar, ya se está practicando desde hace mucho tiempo, empleando fármacos y muchas veces “sin el consentimiento de los enfermos”. La Iglesia Católica, con su Conferencia Episcopal a la cabeza, lleva mucho tiempo moralizando a la gente; es su forma de ver el Amor de Dios, y no permite ninguna desviación de su moral, como se ve claramente en su oposición a la eutanasia. La eutanasia nadie la quiere por capricho ni por mejorar la calidad de la muerte, es un deseo del enfermo que, en mi opinión se debería respetar por Ley. No contemplar esta posibilidad, es, además de inmoral, una falta de libertad individual.